Felipe IV y los discursos sobre el arte del dançado (1642) - IV
Entre aquellos maestros considerados así por Esquivel Navarro, se encontraban algunos que destinaban la mayor parte de su tiempo a dar clases a un grupo de niños del coro. En algunos momentos críticos la iglesia ha accedido a introducir danzas debido a la efectividad que éstas, como el teatro, tenían en el proceso de adoctrinamiento de la plebe.
Maestros de escuela en la iglesia: danzas litúrgicas
En el siglo XV se originó un tipo de práctica consistente en danzar y cantar protagonizada una sección de infantillos o niños del coro, los seises y que se llevó a cabo en Ávila, Sevilla, Toledo, Segovia e incluso ciudad de México y Lima. Según menciona Baltasar Saldoni en el IV tomo de su Diccionario de Efemérides de Músicos Españoles, el nombre deriva de que originariamente eran seis niños a los que se sumaban otros cuatro que además de bailar, cantaban. Desde su más tierna edad recibían una rigurosa formación que incluía música, danza y latín y participaban en oficios religiosos y en las procesiones de las celebraciones especiales. A mediados del siglo XVI un alto índice de mortalidad infantil ocasionado por las malas condiciones higiénicas representó un período de decadencia que se recuperó con los incentivos económicos que realizaron Felipe III y Felipe IV. Durante estos dos reinados las catedrales de Toledo y Sevilla contaron con las dos escuelas más importantes de seises.
Lamentablemente contamos con escasas fuentes que describan las coreografías que representaban los seises, sin embargo algunos comentarios de la época nos acercan detalles interpretativos que asocian sus danzas con la basse dance. La práctica sigue vigente en Sevilla y gracias a ello podemos conocer algunos rasgos que quizás han logrado sobrevivir al paso del tiempo. Cuando participaban en el interior de la iglesia, entraban en dos filas y se disponían enfrentados delante del altar. La coreografía, bastante sencilla, se basaba en pasos simples hacia los lados, adelante y atrás, que cambiaban de dirección cuando lo determinaba un cambio de sección musical. Habitualmente se aplicaban coreografías a las secciones de la misa en las que se realizaban motetes o villancicos. Hasta el momento no se ha encontrado ninguna referencia que permita pensar que se compusiera música previendo que se bailara sino que la danza fue un recurso que surgió para aumentar la solemnidad de la celebración religiosa. La primera referencia a maestros de danza en la educación de los seises es de 1609 y corresponde a un acta de pagos de la catedral de Sevilla. Por Esquivel Navarro sabemos que algunos de los maestros trabajaban simultáneamente en sus propias escuelas de danza y en la educación de los seises como Joseph Díaz, Diego Hernández y Joseph Rodríguez Tirado.
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