Felipe IV y los discursos sobre el arte del dançado (1642) - III
Viene de II parte
Las manifestaciones teatrales a lo largo del siglo XVI habían encontrado su lugar en recintos públicos. Felipe IV hizo construir el Teatro del Buen Retiro y abrió nuevamente los teatros públicos que habían permanecido cerrados durante aproximadamente una década. Pero la gran cantidad de acontecimientos artísticos organizados en la corte hizo que los artistas que usualmente trabajaban en escenarios públicos se trasladaran dejando nuevamente a la población sin representaciones. La particularidad es que muchos de estos artistas, habituados a trabajar también en barracas y espectáculos dirigidos a un público menos exigente, no se habían formado en escuelas sino en compañías de baile, a vistas de Navarro, sin maestro.

Palacio del Buen Retiro de Madrid - Leonardo Jusepe -1636
Maestros de escuela y quienes no merecen llamarse maestros: danzas teatrales
La inclusión de danzas en obras teatrales no fue una novedad del siglo XVII. A fines del siglo XVI encontramos entremeses cuyo argumento justificaba la presencia de danzas como El arte de danzar de Navarrete y Ribera o El maestro de danzar (1594) de Lope de Vega (existe una versión de Calderón de la Barca de 1640). En cambio se verificó un cambio en las artes realmente significativo en el cual Felipe IV estuvo especialmente implicado. Además de su apasionamiento por el teatro, le agradaba especialmente la inclusión de música y danzas en ellas y las obras escénicas se adaptaron al punto de dar origen a nuevos estilos escénicos. La zarzuela aparece en este momento y debe su nombre, justamente, al sitio de descanso y esparcimiento del monarca (un lugar en el qeu abundaban las zarzas.
La transformación de los géneros teatrales hacia un estilo alegórico y conceptualmente más comprometido implicó también un cambio en el papel de la música y la danza que hasta el momento sólo tenían un rol extradiegético - sin vinculación directa con el argumento. Los argumentos requerían la presencia de música y danza en escena. Por lo demás la música, tanto de las secciones danzadas como las que sólo se cantaban raramente se componían para la ocasión sino que se reutilizaban composiciones preexistentes. La reconstrucción de las danzas teatrales es dificultosa porque la partitura musical, el boceto coreográfico y el libreto dramático se archivaban por separado. En el caso del entremés mencionado anteriormente de Lope de Vega, aparecen referencias interesantes sobre la moresca y la basse dance pero la música no se ha conservado.
Navarrete incluye en uno de sus entremeses una descripción del pasacalle. Hasta mitad del siglo XVII las referencias eran muy vagas y se limitaban a indicar la localización y el momento en el que debía realizarse una danza. Posteriormente encontramos en los autos de Calderón, uno de los estilos que más recurrió a la incorporación de danzas, claras menciones a alemandas, altas, bajas, canarios, gallardas, jácaras, pavanas, pie de gibao y seguidillas. Afortunadamente se conservan en la Biblioteca Nacional en Madrid colecciones de danzas teatrales de fines del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII con música de, entre otros, Bernardo López del Campo, Salazar y Torres, Alonso de Olmedo, Francisco de la Calle y León Marchante.
La aparición de un estilo escénico centrado principalmente en la danza llegó más tarde que en el resto de Europa. En Francia los ballets masquerades, los masque en Inglaterra y el ballet en Italia, fueron todas formas escénicas construidas desde la danza. En la península ibérica aunque la danza fue importante en eventos sociales y dentro del teatro no se convirtió en un espectáculo autónomo hasta mitad del siglo XVII en que apareció el bailete.
La Reina Isabel de Borbón, mujer de Felipe IV, influyó decisivamente en la aparición de un espectáculo de baile al imitar Le ballet comique de la Reyne ofrecido en la corte Francesa de Enrique III hacia 1609. Este ballet español que se llevó a cabo en Aranjuez se llamó Gloria de Niquea y su interpretación se destinó exclusivamente a las mujeres de la nobleza. Con la consolidación del estilo de baile y su progresiva sofisticación los nobles fueron abandonando la práctica restringiéndose a los bailarines profesionales. Este suceso determinó que en el ambiente cortesano, tan proclive a generar eventos de lucimiento personal, la danza se convirtiera en un espectáculo cuyos espectadores eran los que antes fueran los protagonistas.
continuará en la parte IV