II parte, viene de I parte

Navarro confiesa en su momento (mediados del siglo XVII) que muchas danzas por él comentadas habían caído en desuso como la españoleta, la branle de Inglaterra, el tourdion, el caballero y la dama. En Italia y Francia los tratados aparecidos a comienzos del siglo XVII de Caroso, Negri y Arbeau empezaban a incluir nuevas danzas que eran resultado de las transformaciones ocurridas hacia mediados del siglo XVI.

Este proceso de transformación y modernización llegó a la península ibérica unos años más tarde; la consolidación de un estilo barroco propiamente hispano llegó unos años más tarde que en Francia e Italia. La paulatina adaptación de los instrumentos de cuerda pulsada configuraba una tipología de bajo continuo característicamente ibérico y la incorporación del sistema armónico ya asentado en Italia, Alemania, Inglaterra y Francia fue adaptándose a un pensamiento esencialmente polifónico que nunca se abandonó por completo. A estas circunstancias se les añadió un cambio en la demanda social respecto a las danzas y aparecieron nuevas formas.

Maestros de corte:  Danzas cortesanas

Esquivel Navarro esteblecía en su tratado una clara diferenciación entre dos tipos de maestros de danzar: los de corte y los de ciudad. En este punto hace especial hicapié quizás como modo de posicionarse a sí mismo respecto a sus colegas.

Navarro ocupa una importante parte de su tratado a dar recomendaciones sobre el "buen hacer" y las "buenas maneras" del danzar para sintonizar con el entorno social cortesano. La danza no sólo implicaba una actividad lúdica sino que era una importante ocasión para lucirse, reforzar el rol social individual y responder con elegancia a las normas de etiqueta. El tratadista menciona varios aspectos en común entre la danza y la esgrima.

Los bailarines, del mismo modo que los esgrimistas, podían retarse a duelo y las condiciones en las cuales se llevaban a cabo estos acontecimientos no merecían menos atención. Esquivel Navarro describe detalladamente cómo se organizaba un duelo, quién y cómo lo convocaba, quiénes debían estar presentes, dónde se realizaba, cuánto de apostaba y hasta cómo se distribuía la ganancia. Es tal la semejanza que ve entre las dos disciplinas que llega a establecer una analogía otorgando a los cinco movimientos principales los mismos nombres: movimientos accidentales, extraños, transversales, videntos y naturales.

 

Manual de esgrima de Rodolfo Capoferro - 1652

A mediados del siglo XVII las clases podían ser dadas tanto en la residencia de un discípulo noble como en edificios dispuestos especialmente para esta función. Al menos Sevilla y Madrid contaban con numerosas escuelas de estas características. La asistencia a una clase de danza demandaba gran disciplina y requería la consecución de determinados requisitos formales. En el momento de la clase, el maestro se convertía en la máxima autoridad, nadie podía interrumpir ni contradecir al maestro y tanto el público como los discípulos debían guardar absoluto silencio.

Normalmente se contaba con un tañedor de vihuela o guitarra que ejecutaba las danzas siguiendo un orden establecido. Además debía tener la destreza suficiente de suplir las deficiencias de los bailarines ya sea introduciendo variaciones en su interpretación para distraer la atención del público como ajustándose a las posibles imprecisiones rítmicas. Navarro en su tratado recomendaba que en las clases se incluyeran tanto danzas o figuras de danzas peninsulares (chachona, folías, alta y canario) como danzas del resto de Europa (alemandes, rastro o torneo) y proponía una sucesión que incluía dos figuras de pavana y gallarda, dos de folias, dos figuras de rey y villano, una chacona, un canario y un torneo o pie de gibado. Podía agregarse, además una jácara, rastro, zarabanda o tarraga. (Esquivel consideraba que estas últimas danzas sólo diferían en las figuras que utilizaban). El tratado de guitarra de Gaspar Sanz, Instrucción de Música sobre la guitarra española y Método de sus primeros rudimentos, incluye, aunque no en la misma disposición, las danzas que Esquivel Navarro menciona: gallardas, pavanas, folías, villanos, zarabandas, saltarellos, jácaras, ruggieros, pasacalles, españoleta y danza de las hachas.

Portada de Instrucción de Música sobre la guitarra española y Método de sus primeros rudimentos (1674)

sigue en la sección III