Muchas veces he pensado que los artistas tienen dos facetas que cultivar y conciliar. Por un lado la faceta interpretativa entendida como el conocimiento de las herramientas para trasmitir al otro un determinado concepto; por otro, la faceta creativa que comprende su capacidad de aportar algún elemento diferencial a lo que ya es conocido. Las manifestaciones artísticas contemporáneas suelen adolecer del nexo entre estas dos facetas y, en particular, carecen de creatividad. La ausencia de creatividad no se tonta tanto por la inexistencia de elementos nuevos como por la falta de argumentos para sustentar la elección interpretativa. Me gustaría narrar un hecho que viví hace ya algún tiempo y que me obligó a reflexionar sobre el papel de la improvisación en la música. He de aclarar que mi idea de la improvisación quizás no coincida con la de muchos pero al menos creo que la mayoría estaremos de acuerdo en que la improvisación nunca puede basarse en decisiones deliberadas; cuando es así se comete un error terrible: la subestimación del público. Hasta el lector menos preparado (entendiendo "lector" en el sentido amplio del concepto) es capaz de percibir un resultado orgánico de uno carente absolutamente de crietrios de base. Aquí va mi historia.
MINIM: DUE NITS DE MÚSICA IMPROVISADA
Es viernes. Ayer por la tarde recogí de un contenedor de POSTALS FREE una discreta publicidad que muestra dos tomacorrientes sobre un fondo blanco. En el ángulo inferior izquierdo, una inscripción en minúsculas:
mínim
dues nits de música improvisada
En el reverso aparece la programación para esta noche y mañana. Hoy en programa un dúo de voz y cello. El de mañana me atrae un poco más. El temor a lo desconocido me hace ver más interesante una agrupación mayor y más diversa como la de mañana: tabla de mezclas, cello, guitarra, electrónica, acordeón, voz, percusión y trompeta. Sé que mañana no podré entonces fijo mayor atención en la programación de hoy. A juzgar por los apellidos deduzco que los intérpretes son extranjeros. Ambos conciertos serán en un Centro Cívico y la entrada es gratuita. El panorama resulta atractivo. Es una buena oportunidad de ver algo poco frecuente para mí. No lo dudo ni un segundo y me dispongo a ir.
Llego al Centre Civic Can Felipa. Son las diez de la noche, media hora antes del inicio. El lugar parece estar en refacciones pero algunas cosas ya están instaladas. El ascensor, nuevo, me conduce a la planta más alta. Aquí faltan algunas aberturas y revestimientos, la planta está sin acabar, sin embargo se ha acondicionado una sala con un escenario muy bien montado pero quizá con diversos conflictos acústicos debido a su estado inacabado. Hay una centena de sillas plásticas repartidas por la sala y una gran distancia entre el escenario y la primer fila de asientos. No sé si puedo pasar. No ha llegado nadie aún, la cellista está circulando por allí y me siento un poco incómoda. Unas dos personas más se encargan de acondicionar unas luces y cables. Al comprobar que mi presencia no es percibida, entro sin cuidado y elijo un lugar en el centro. Aunque la calle está tranquila, los ruidos cotidianos pueden entrar perfectamente. Todas las ventanas están abiertas porque el calor es agobiante y el día está húmedo. Imagino que se ha previsto alguna forma de aislar lo ruidos o que al menos se ha considerado este fenómeno.
Observo lo que hay en escena. El escenario no será utilizado, los músicos actuarán a nivel del público. No hay nada estrafalario. No hay atriles ni micrófonos, sólo algunos cables y luces. El cello quedó junto a una silla y a una mesita con diversos objetos que no alcanzo a distinguir qué son. Unos tres metros hacia uno de los lados hay dos sillas más, una frente a la otra. Una de ellas parece tener una olla, una cadena, algunos palillos y otras cosas más.
Sólo dos personas han entrado desde que estoy aquí y faltan cinco minutos para comenzar. Se acercan a los músicos a saludarlos. Los conocen. El espacio parece muy propicio para manifestaciones artísticas de vanguardia como creo que será la que veré esta noche.
Comienza a haber más movimiento. Un grupo de veinte personas ha culminado una actividad dentro del centro y decide venir al concierto. Con estas personas entran algunas más pero en total no somos más de treinta. Es tarde y el concierto ha de empezar. Las luces se apagan, sólo quedan dos focos que apuntan a los rostros de la cellista y la cantante. El cello comienza a sonar. Una extensa sucesión de sonidos cuyo fin lo determina la punta del arco, cuerdas al aire. Largos sonidos de cuerdas al aire... la cantante permanece en silencio. Largos sonidos... no hay ritmo, ni armonía, tampoco parece haber diseño armónico, no hay clímaxm no hay...hay... ¿Será esta carencia de relieves el resultado que se espera obtener?. Algo cambia. Golpes de arco sobre las cuerdas cerca del puente, glissandos. La cantante permanece en silencio e inmóvil. La cellista toma en sus manos un papel de lija y lo intercala entre las cuerdas y el arco. El sonido emitido es opaco, no me resulta muy interesante. La cantante permanece en silencio e inmóvil. Deja la lija a un lado y escoge entre los objetos un trozo de hojalata repitiendo el procedimiento percusivo. La cantante sigue en silencio e inmóvil. Le llega el turno al peine. Se engancha en las cuerdas algunas veces pero pronto es dejado también. La cantante permanece en silencio e inmóvil. Una bolsa de polietileno es frotada por la caja del cello. Comienzo a necesitar algún cambio, sería bueno que pasase algo contrastante. No sé. Algo diferente. La cantante permanece en silencio e inmóvil. El sólo hecho de imaginar que todo lo que está sobre la silla percutirá el instrumento me genera un presunto fastidio. Efectivamente. Ahora es una hoja de papel normal que no genera un efecto muy distinto al del papel de lija. La cantante sigue permaneciendo en silencio e inmóvil ¿?. Así continúa. Algunos silencios prolongados parecen marcar ... fines de sección?. Ahora el silencio es muy largo. La cantante permanece en silencio e inmóvil. Sucede nada durante algunos segundos. La cellista baja la cabeza hacia su instrumento. La cantante la mira. Un silencio. La cantante la mira... nada.
Con su cabeza dentro de la olla, la cantante hace gárgaras, la olla contiene agua. La cellista mira al infinito. El sonido rugoso de una voz que bien podría ser femenina o masculina es lo único por un instante que parece eterno. Decido observar la reacción del público. Algunos parecen muy compenetrados porque han cerrado sus ojos. No es precisamente ésta música de meditación. Sí, se han dormido. Un matrimonio deja sus sillas y se va. Tras ellos tres ancianas y un joven. Quedamos pocos más de veinte. La cellista mira el infinito. Una cadena entra y sale del agua de la olla mientras las gárgaras siguen. No hay cambios de clima, no hay relieves en la interpretación y se van algunos miembros más del público. No saben apreciar o esperaban otra cosa. Tal vez la publicidad del concierto no fue lo suficientemente precisa, coherente con el contenido del programa. La cellista mira el infinito. Ahora mientras continúan las gárgaras con una de las manos golpea el lado de la olla. Deja de hacer gárgaras para emitir sonidos largos y agudos. Retira la cabeza de la olla. Se seca la cara y mira a su compañera.
La improvisación en dúo ha terminado. Muchos de los objetos sobre las sillas no fueron usados. El público ahora no supera la decena de personas.
No entiendo. Me angustia el comprobar que no tengo capacidad para apreciar esta... ¿música?. Me aqueja un malestar existencial. Sigo sin tener elementos para comprenderla y se supone que mi calidad de músico implicaría poseerlos. Mi actitud como oyente fue positiva, quiero decir, no me he negado concientemente a participar de una audición activa y por ello me siento en condiciones de objetar algunas cuestiones.
1- Por qué se ha denominado dúo cuando las intérpretes jamás tocan juntas.
2- Qué parámetros rigen las respectivas improvisaciones y hasta qué punto son improvisaciones y no mero muestrario de recursos técnicos o tecnológicos disponibles.
3- Qué aspectos de los que conforman el fenómeno musical están presentes hoy aquí como para que esta representación reciba dicha denominación.
Sobre la primera no hay mucho que agregar. Si se entiende por dúo a toda actividad desarrollada en forma conjunta por dos personas para el caso que ahora analizamos es objetable. Al adoptar como unidad todo lo que se interpretó desde que comenzó la cellista hasta que terminó la cantante, se podría decir que el TODO se obtuvo por la actividad en SUMATORIA de dos personas, en conclusión la idea de acción conjunta es aplicable a una sucesión de aportes y no a una superposición. A pesar de haber forzado las ideas para poder concebir la idea de dúo hay un elemento más que, a mi entender, tendría que estar presente. Me refiero a un elemento que vincule una y otra cosa, es decir, que dé cohesión al TODO. La cantante no pareció estar muy atenta al material propuesto por su compañera ya que nada de lo que ella hizo guardó relaciones, al menos aparentes con lo escuchado antes. Parecía no existir códigos, diálogo, dinámica entre ambas intérpretes. En ausencia de todas estas cosas bien pudo haberse desarrollado una interpretación luego de la otra con intermedio de aplausos.
Considero que la segunda cuestión es la más compleja de analizar ya que tiene que ver con la improvisación. Dónde están los límites de una improvisación, qué se puede y qué no se puede improvisar y, más aún, en actividad conjunta. Digo más compleja porque sobre la improvisación se puede hablar desde perspectivas muy diversas y enfocando hacia distintos aspectos de la misma. Si bien hasta hace relativamente poco y aún hoy en día la improvisación suele tomarse como una actividad inferior a la compositiva, recientemente el interés en analizar el fenómeno de lo improvisado ha crecido.
Como resultado de trabajar en torno a culturas sin notación musical se ha pretendido tomar a la improvisación como una subcategoría de la composición, sin embargo en dichos casos manifestaciones espontáneas como manifestaciones intencionales que se trasmiten por tradición oral coexisten al mismo nivel. Por otro lado ha costado mucho poder separar la composición de lo que se preserva en forma escrita vinculándose directamente la música tradicional y popular a la improvisación y restando espacio a la improvisación en la música anotada.
En un enfoque medievalista del asunto resultaría imposible separar composición, improvisación e interpretación asimilándose estos tres campos en la dimensión práctica que asumía la música dentro de una concepción bidimensional. Hasta el advenimiento del humanismo las únicas dimensiones admisibles de la música eran la música propiamente dicha que comprendía a la teoría musical y a la artesanía de la música que se relacionaba con la interpretación.
Algunos compositores del siglo XX como Terry Riley en su obra En Do, hacen uso de la improvisación para componer dejando una importante proporción de su obra librada a la suerte de muchos acontecimientos que escapan a la partitura. Hay que considerar que en toda notación hay aspectos que quedan librados al intérprete aún sin ser esto premeditación del compositor. Esto pone de manifiesto que la preocupación por la interpretación criteriosa no atañe únicamente a la música antigua y que, a pesar de lo que se ha creído durante mucho tiempo, el papel de la improvisación ha sido mucho más relevante incluso en la música tradicionalmente conocida como clásica. Las limitaciones de toda notación obliga a los intérpretes a recrear y, en consecuencia, improvisar los elementos faltantes.
De todos modos sea cual sea el concepto de improvisación ha de tomarse algo por seguro: siempre se improvisa a partir de elementos preexistentes. La improvisación implica la reelaboración de ideas que pertenecen al patrimonio formativo-musical del músico que elige en base a una serie de contenidos adquiridos. La intertextualidad, la elaboración de glosas, la imitación de prototipos estilísticos y otros tantos recursos más son algunas de las herramientas que hace servir un intérprete en sus improvisaciones. En un intento por esclarecer el panorama, se podría optar por asociar la música improvisada con aquella música en la cual la acción del intérprete prevalece sobre la de composición, es decir que el intérprete ha de poner más de sí que lo que el material en el material proporciona. El improvisador parte de algo desde lo que construye otra cosa.
Bruno Nettl[1] desarrolló un extenso e interesante artículo sobre la improvisación y sus connotaciones e implicancias sociales, la calidad de irrepetibilidad, de espontaneidad y de influencias externas. Luego de analizar la improvisación en distintas culturas concluye que en todo acto de improvisación existe un modelo sobre el cual se trabaja ya que todo lo que se improvise dentro del estilo ha de conocer dichos modelos. Una de las características del modelo es su calidad de ser mínimamente reconocible, para lo cual ha de reaparecer al menos en formas elaboradas. Clasifica dichos modelos en audibles e inaudibles. A este segundo modelo responden muchas músicas posteriores a las vanguardias de los ’60. Con esto nos estamos acercando quizá un poco más a la polémica que nos congrega.
Realmente no se puede hablar de modelo audible en el concierto de esta noche, no lo hubo (al menos no pude reconocerlo). Pero se habla de otro factor característico de la improvisación que es el esfuerzo creativo del músico que hoy también ha brillado por su ausencia. Si se ve que tanto una como otra intérprete se limitaron a demostrar diferentes sonoridades con objetos tan obvios como peines, bolsas de nylon, papel de lija, etc, sobre las cuerdas o trozos de madera, cadenas y la palma de la mano sobre el lateral de una olla, me arriesgaría a aseverar que la creatividad no se vio en el concierto de hoy. En la improvisación suele tenerse en cuenta la respuesta de los receptores para imprimir modificaciones climáticas en los momentos precisos. Tampoco pareció entrar en juego la reacción del público, las concertistas no veían al público porque los focos daban en sus rostros. El público más erudito conformado mayormente por personas que conocían a la intérpretes, no superó los primeros quince minutos de concierto ¿era tarde?. Seguramente ellos podían estar más próximos al discurso que el grupo de señoras del curso de arreglos florales que, terminada su clase decidieron subir al cuarto piso y a escuchar música gratis. Con esto pretendo decir que, a pesar de ellos, las dos músicas no modificaron el nivel de su discurso manteniendo una desconexión absoluta con la gente. Una de ellas tuvo la cabeza dentro de una olla y la otra no abrió los ojos hasta que terminó su ejecución. No me pareció notar acto comunicativo entre ellas ni tampoco entre ellas y el público. Considero que la improvisación excedió los límites del modelo ya que el modelo era la improvisación en sí misma desde el momento en que se improvisó una fecha para la presentación.
Por último y en tercer término me gustaría referirme a la música, al fenómeno musical. Tema excesivamente complejo pero trascendental para ser comentado. La cuestión está en verificar la presencia de la música en el concierto de esta noche. Para esto resultaría de primordial importancia intentar comprender las motivaciones de las intérpretes tanto para realizar el concierto como para dedicarse a este tipo de manifestaciones.
Mientras escuchaba pensaba en lo lejos que estaba yo de poder comprender algo de lo que pasaba. Luego llegué a admitir que no estaba observando desde los parámetros adecuados, sino que me encontraba frente a un tipo de arte por mí totalmente desconocido. Quizá esta obra tendría que haberla percibido como una instalación o como arte conceptual, pero aún así no logro quedarme con algo. En toda creación artística siempre existe la intención de generar algo aunque ese resultado no sea estéticamente interesante. El acontecimiento de hoy se caracterizó más bien por su antidinamismo. No motivó. No shockeó. No atrajo ni generó interés. No describió ni manifestó afectos, tampoco aportó nuevos conocimientos. El evento musical careció prácticamente de todos sus componentes menos el sonido. El acto comunicativo estuvo cortado, el mensaje carecía de código y de contenido, los receptores no tuvieron lugar para involucrarse por no poder identificarse con el código y tampoco se percibió compromiso de las intérpretes ni con el mensaje ni con la situación comunicativa. Muchos de estos aspectos ausentes y fundamentales del fenómenos musical han estado ausentes también en situaciones en las que una composición representa el inicio de una vanguardia pero, precisamente en ello estaba la cuestión, es decir, en la motivación de generar shock o en la función didáctico- expositiva de proponer nuevas cosas, nuevas perspectivas, un concepto, una idea. Pero, siempre de una forma u otra la función musical ha estado latente.
Perdida en mis cavilaciones aterrizo en la contundente realidad de la sala vacía. Apagan las luces y escucho comentarios:
- Estuvo bien ¿no?
- Sí, bueno, no he podido ver a la gente pero se escucharon aplausos cuando las luces se encendieron
- Bueno, la gente aún no se acostumbra a entender cuándo se termina una obra moderna. Además es un poco tarde y mucha gente se ha ido antes. Veremos mañana si hay más suerte. Seremos más y estará más entretenido.
- Yo no veía bien y tardé en entrar, no sabía si habías culminado, entré cuando me pareció que habías acabado ya.
- Sí, también me pareció que estábamos muy distanciadas. Corté antes de terminar porque me pareció que se estaba haciendo largo y me habían quedado algunos objetos por utilizar, de todos modos no era preciso usarlos a todos.
- Estuvo bien, pero ha sido muy tarde, espero que mañana no terminemos tan tarde
El ascensor llega a la planta baja. Se bajan delante de mí y se marchan con semblante algo cansado. Me voy, decepcionada.

Yo también me he quedeado decepcionado, pero con tu comentario.
Si bien es cierto que en algunas cosas tienes razón, careces de razón en muchas otras, así como careces también de caracter artístico.
Al igual que la cellista y la cantante, en tu discurso utilizas una gama de recursos técnicos sin capacidad creativa.
Debemos vivir adaptados a nuestro tiempo, y esto es aún más apasionante gracias a gente que, como tú, os empeñais en dar la espalda a la contemporaneidad y amarraros a la fruta ya podrida.
Un saludo.
Buenos días Iner,
Agradezco muchísimo que hayas dedicado tiempo a leer y comentar este artículo y me place recibir opiniones contrarias sobre el controvertido tema de la improvisación.
Desde ya que el artículo es mejorale en muchos aspectos. A pesar de estar fechado en 2007 el artículo original es del 2005 y no ha sido publicado en ningún otro medio. Únicamente he aprovechado las ventajas que nos proporcionan los blogs para manifestar libremente algunas ideas sobre las distintas maneras de entender la improvisación.
Simplemente quería puntualizar un aspecto que seguramente no he sabido exponer de manera adecuada. En ningún momento he querido desprestigiar la contemporaneidad sino todo lo contrario. Hay figuras que trabajan dentro de líneas vanguardistas (tanto desde la creación como desde la interpretación), que de alguna manera se han hecho su lugar aportando ideas renovadoras y sin dejar de trasmitir contenidos ni abandonar ninguna pretensión artística.
Pongo como ejemplo la artista polifacética Meredith Monk quien en estos días se presenta en España. En uno de sus discos realiza un trabajo como solista, absolutamente experimental en el cual utiliza una copa y su propia voz. Considero que, aunque estéticamente el resultado no agrade a todo el mundo, se puede apreciar de manera patente el concepto de su trabajo.(Recomiendo una visita a su sitio en http://www.meredithmonk.org/)
Lo que quise reforzar con este comentario es que algunas veces entendemos el concepto de improvisación en un sentido muy amplio, tan amplio que "vale todo". Improvisar no es nada fácil y menos si se quiere ser coherente con una idea y a la vez no defraudar al público.
No entiendo muy bien a qué te refieres con la idea de "amarrarse a la fruta ya podrida". Si esta idea va relacionada con la obsolescencia de algunas ideas artísticas quizás sea yo la que esta vez discrepe contigo. No creo que ninguna idea caduque en lo que a arte se refiere sino todo lo contrario. Que lo interesante es la aparición de nuevos recursos que, en cohesión con los preexistentes, adquieren nuevos usos.
Agradezco una vez más el respeto con el que has presentado tu decepción y espero que en otras ocasiones estemos más de acuerdo.
Saludos.