EL CONFLICTO DEL EXCESO, DESORDEN Y MAL USO DE LA INFORMACIÓN
No me canso de tener largas conversaciones con gente de mi generación (los que ahora tienen entre 25 y 35 años aproximadamente) en las cuales descubro que hay un sustrato común en todas nuestras problemáticas. Estamos sumidos en una crisis existencial desde hace bastante tiempo y que no tiene aspecto de culminar. No nos alcanzan aquellos resultados de nuestros actos que son cuantificables: títulos obtenidos, años de estudio, calificaciones, promedios, dinero recaudado, número de hijos, etc... Los demás nos evalúan desde estos valores.
Uno puede ser muy conciente en su autoanálisis y ver lo que son sus logros cuantificables pero aún así sabe que no es feliz. Nos falta algo. No sabemos qué hacer con lo que hemos recopilado a lo largo de tantos años y, lo que es peor, nos sentimos incapaces de hacer prácticamente nada. En cierta forma, somos incapaces de hacer muchas cosas. Por qué?
Aquí me viene a la cabeza esta famosa frase que odiaba escuchar en mi infancia: "el que mucho abarca, poco aprieta".
Efectivamente. Somos los resultados de la era internet, el conocimiento diversificado y las múltiples opciones. Nuestras vidas son el resultado de un "elige tu propia aventura". No pienso que sea mejor lo que vivieron nuestros padres; ellos tuvieron sus traumas y sus conflictos. Eran otros. No tenían muchas alternativas y, rara vez entraba en consideración dedicarse profesionalemnte a algo distinto de abogacía, arquitectura, ingeniería o medicina. Antes, o estudiabas, o trabajabas. O te casabas o entrabas en el seminario. Ahora, estudias, trabajas (normalmente en cualquier cosas), cambias de trabajo a cada rato, cambias de carrera, haces deportes, cambias de pareja en poco tiempo...
Para nosotros todo es posible. Todos hemos hecho un poco de cada cosa, hemos visto muchas cosas y nos enteramos de muchas cosas sin siquiera haberlas vivido. El televisor nos proporcionó muchas vivencias de las que nos apropiamos sin haberlas vivido (pero ya cuentan como experiencia propia).
No podemos evitar la sensación de que, a pesar de absorber más y más información, somos incapaces de producir ideas nuevas. Qué decir de nuevo que no se haya dicho? Qué falta por decir?
Por otra parte, la información que acumulamos en nuestro haber pierde progresivamente su valor. Va siendo poco a poco menos importante retener datos porque Internet nos proporciona lo que queremos cuando queremos.
Los plazos autoimpuestos, los propósitos y las metas se hacen agua cuando uno las alcanza, no son más que la lógica consecuencia de nuestros actos y, es más, es mucho menos de lo que nuestras expectativas vaticinaban. Nos desilucionamos y nos desalentamos a seguir.
El problema creo que radica en que estamos viviendo la neurosis de una generación equivocada. Esta neurosis - llegar a ser "algo" o "alguien", ser productivos, creativos, etc... - era la neurosis de nuestros padres. La información nos acosa con su volumen, diversidad y complejidad. No nos da el tiempo de rpocesarla, la acumulamos y nuinca la procesamos. Esto nos hace sentir vacíos. Creo que lo que debemos hacer es intentar redireccionar nuestros intereses y comenzar a disfrutar de lo que hacemos haciendo de ése disfrute el verdadero propósito.