Cuando la gente pregunta cual es tu profesión y dices que eres musicólogo, suele entenderse que uno es una especie de psicólogo que hace algo con la música. Alguna persona un poco más informada se mostrará interesada imaginándonos en tareas propias de los musicoterapeutas.

La realidad es que, en gran medida, los musicólogos somos responsables del desconocimiento general sobre nuestra actividad. Muchos, terminamos alguna etapa de nuestros estudios (en realidad nunca terminas de estudiar) y no sabemos qué hilos mover para encontrar un trabajo. Después de cansarte de intentar persuadir a nuestros entrevistadores de lo relevante que puede ser nuestra profesión, optamos por elaborar una respuesta rápida, práctica aunqu insuficiente pero que nos evita posteriores cuestionamientos epistemológicos y crisis existenciales.

Mi idea aquí es poder presentar una serie de ideas generales de las funciones que un musicólogo puede desempeñar y que van dirigidas tanto a quien desconoce la disciplina como aquellos que nos estamos formando en ella y solemos necesitar argumentar y legitimar nuestra labor.

Como sucede con los críticos de arte o con los árbitros de fútbol, el musicólogo suele ser visto como un músico frustrado que por no alejarse del objeto de su frustración elige una vía alternativa. Podría detenerme mucho aquí, explayarme en la vigencia del concepto de "fracaso" e intentar demostrar que no necesariamente es así. Sin embargo me limitaré a decir que para estudiar musicología no siempre se requiere tener una sólida formación musical.

Actualmente, en Europa, se está esperando resolver si la carrera de musicología, hasta el momento impartida tanto en conservatorios como en universidades, pase a ser patrimonio exclusivo de las universidades.Huelga decir que los requisitos musicales que ha de tener un estudiante para acceder a uno u otro tipo de institución no son los mismos como tampoco coinciden en los respectivos planes de estudio.

Actualmente la musicología en el ámbito universitario es un estudio superior del segundo ciclo al que se accede tanto desde un ciclo superior de música como desde cualquier carrera universitaria del ámbito humanístico con un examen general de conocimientos musicales cuya dificultad es mínima en relación al nivel ni la experienca que se le exige a un músico de un conservatorio para obtener su diploma. Esto repercute en que el tipo de aproximaciones musicales de los estudiantes universitarios suelen ser poco empíricas aunque probablemente con un sólido sustento teórico.

En los conservatorios es una carrera de cuatro años, por lo tanto el doble de duración que en la universidad, con una formación teórica menos exigente pero que en contraposición ofrece un curriculum mucho más amplio en el terreno de la práctica musical (esto sin decir que los estudiantes están inmersos en forma permanente dentro de un ambiente musical) .

Si bien no es imprescindible ser chef para hacer un buen pastel el llegar a él por diferentes procedimientos dará como resultado pasteles distintos. Los enfoques disciplinarios entre ambos tipos de institución difieren entonces no sólo en sus programas, enfoques, metodologías sino también en la competencia de sus estudiantes.

El reconocimiento de los estudios superiores de conservatorio como estudios homologables a las licenciaturas universitarias plantea un serio dilema: una misma titulación es compartida por dos perfiles de estudiante con base y competencias innegablemente diferentes.

Otro aspecto interesante que ha dado lugar a muchos dolores de cabeza desde los orígenes de la musicología es su bifurcación. Hasta el momento han coexistido dos ramas principales de la disciplina - etnomusicología y musicología histórica - que, luego de muchos esfuerzos para lograr que esta bifurcación se evidenciara incluso a nivel institucional y con titulaciones diferentes, se ha llegado a la conclusión que era conveniente reunificar la disciplina.

Cuando se compartimenta el conocimiento, en el esfuerzo de definir perfiles disciplinares diferenciados, se eliminan del plan contenidos, conceptos y prácticas que en realidad son escenciales para todos. Así estamos llegando a reconocer que el musicólogo histórico necesita tanto del trabajo de campo como un etnomusicólogo y que, un etnomusicólogo necesita de la capacidad de argumentación y de estructuración habitualmente más desarrollada por los musicólogos históricos.

Pero luego de todo este estado de las cosas... ¿Para qué sirve un musicólogo?

Además de la docencia que es una salida lógica para cualquier profesión y que en muchos casos no es una actividad vocacional, sugeriré algunas otras funciones habituales que suele desarrollar un musicólogo. Me atrevo a puntualizar en este punto que siempre he considerado que la musicología ha de presentar resultados que aporten datos útiles a los intérpretes. Creo que nuestro papel es dignamente defendido cuando se logra dotar de argumentos, fuentes y referencias válidas a otros intérpretes que no cuenten con la disponibilidad ni los recursos para centrarse en cuestiones teóricas. Esta opinión quizás no es compartida por todos los musicólogos sin embargo creo que esta aclaración puede ser útil para evaluar el criterio con el que elaboré esta enumeración.

Investigación: análisis y descripción de todo tipo de manifestación musical o que pueda ser considerada como tal.

Rastreo de fuentes: búsqueda de música para su posterior análisis, clasificación, catalogación y, posiblemente, interpretación

Catalogación musical: elaboración de datos para especializadas particulares e internacionales de fuentes musicales, instrumentos y literatura musical

Catalogación bibliográfica: elaboración de catálogos editoriales o bibliotecológicos, bibliografías sobre temas específicos, elaboración de fichas descriptivas...

Catalogación organológica: descripción y clasificación histórica, acústica, funcional, de los instrumentos musicales

Reconstrucción interpretativa: estudio sobre las condiciones en las que se manifiesta la música en un entorno que nos resulta ajeno (ya sea por distancia cultural, geográfica o temporal.)

Transcripción y edición:  de fuentes musicales originalmente escritas en notaciones poco frecuentes -

Estudios historiográficos: trabajo crítico sobre las tendencias y los enfoques con los que se describió a la música en distintos momentos

Estudios analíticos: aportan herramientas para la mejor comprensión de un determinado discurso musical

Trabajos descriptivos: elaboración de sumarios, notas de programa, dossieres de programaciones culturales, folletos discográficos, reseñas bibliográficas...

Los resultados de un trabajo musicológico se reflejan en diversos medios:

Artículos y monografías: seminarios y congresos, publicaciones periódicas, artículos para enciclopedias, libros, notas de programa, crítica periodísticas, reseñas de partituras, discos y libros...

Conciertos y festivales musicales: elaboración de argumentos de festivales, selección de repertorio, adquisición de material y aporte de ideas para su interpretación

Ediciones musicales: trascripción, desarrollo de ediciones, corrección...

Catálogos: organización y elaboración de catálogos publicables de editoriales, museos,archivos, bibliotecas  y otros fondos de interés musical.

Marketing y promoción: elaboración de proyectos que contribuyan a la difusión y fomento de la actividad musical.

El desarrollo de plataformas y recursos de comunicación informatizados están dando lugar a otras vías de trasmición del conocimiento que requieren el seguimiento y mantenimiento de profesionales especializados en la materia. Nuevos musicólogos procuran estar al día con estos recursos para encontrar su sitio en el complejo medio en el que nos movemos.

Este espacio queda abierto a sugerencias y aportes de todos los interesados en el fomento de nuestra disciplina.